El Clio RS es la joya de la corona para la marca francesa, su diseño único y su motor de última generación lo vuelven un auto deportivo en toda la extensión de la palabra.
Su sistema R-Link, que ya viene en algunos Renault, pero que en el caso del Clio tiene un juguete extra: el R-Monitor. Es una computadora con funciones múltiples para quienes vayan a usar el auto en un circuito. Tenés gráficos de fuerza G, curvas de torque y potencia e indicador de temperatura de la transmisión. Además, el navegador satelital TomTom, también podés ver un plano del circuito donde estás corriendo.
Lo más hilarante de todo es el R-Sound Effect, un simulador de sonido que combina la música del escape con archivos pregrabados, que varían en función del porcentaje de uso del acelerador. Así, la combinación de ruidos provenientes del motor, de los escapes y también de los parlantes hacen que el Clio RS pueda sonar como una Harley Davidson, como un Renault Alpine, como un Gordini, un auto eléctrico o un Nissan GTR (los japoneses son aliados del Rombo).
Con 200 caballos y poco menos de 1.300 kilos, tiene casi la misma relación peso/potencia de la Toyota 86, pero su comportamiento es muy distinto.
1.6 turbo con inyección directa e intercooler. Por eso también tiene más torque: 255 Nmcontra 204. En aceleración, el Clio apabulló (6,7 contra 8,5 segundos) y en velocidad máxima se impuso con holgura con 230 km/h, versus apenas 208 de la Hachi Roku automática.
El control de estabilidad es muy permisivo. Acepta que las ruedas patinen, que el auto se deslice e incluso que tenga algunas reacciones bruscas antes de intervenir. También puedes apagarlo.
La que me pareció espectacular es la caja secuencial de doble embrague. Tiene seis marchas y es muy veloz. Además, las levas del volante son bien grandes y están fijadas a la columna de dirección. Esto significa que no se mueven cuando girás el volante y siempre tenés las paletas en la punta de los dedos, para poner el cambio en el momento justo.
Además, tiene un divertido sistema de “Launch Control”, que permite lograr la mejor aceleración sin esfuerzo. Con el auto detenido, hay que tirar de las dos levas al mismo tiempo y esperar que se active el sistema. y soltar el freno cuando estés listo: vas a salir disparado como un cohete, con las ruedas patinando apenas lo necesario y con una sonrisa boba en la cara.

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